Los impuestos han existido desde que el mundo es mundo; en América los Reyes europeos y en menor medida los Virreyes americanos impusieron una serie de impuestos. Gabella: impuesto aplicado a la venta de sal; Quinto Real: el 20% de la producción minera le pertenecía al Rey; Sínodo: porcentaje del tributo que se orientaba a sostener al cura doctrinero; Cabezón: contribución cobrada en razón de las tierras agrícolas no trabajadas (afectaba a los hacendados); Estanco: Impuesto que se pagaba al adquirir un objeto de lujo como, el tabaco, el aguardiente y los naipes. Estos impuestos los pagaban los europeos o sus descendientes.

Los pueblos originarios de América Latina pagaban el Tributo indígena a través de especies o dinero, o también podía ser mediante algún trabajo (lease explotación). El pago en especie se hacía por medio de metales preciosos o productos agrícolas. En el siglo XVI el monto que pagaban los indios era el 34% de todos sus ingresos, sólo superado por el quinto y el diezmo de plata que alcanzaba el 42%.

PANORAMA ACTUAL

 En los próximos meses se definirá una situación inesperada para las arcas de todos los países del mundo; tal como manifiesta Marcelo Justo en su artículo en CASH, un impuesto mínimo global corporativo puede ser el punto de partida de un orden impositivo global más equitativo o una gigantesca estafa que profundizará la desigualdad entre países desarrollados y la periferia. (1)

Se trata de rescatar miles de millones de dólares que hoy se escurren como agua entre los dedos vía guardias fiscales (lavadoras gigantes), bancos internacionales que hacen deliverys trasladando fortunas de un lugar a otro del planeta en cuestión de segundos gracias a la tecnología actual y luego se insertan en el mundo financiero sin producir ningún bien o servicio útil para la sociedad. 

La particularidad del momento es que, por primera vez en 100 años, los países desarrollados, participan de la movida porque la pandemia ha obligado a todos los países del mundo a elevar considerablemente sus gastos en salud y por consiguiente aumentaron el déficit fiscal. Por otro lado, está comprobado que las multinacionales más importantes del mundo pagan muy pocos impuestos valiéndose de las argucias legales creadas para favorecer el secretismo financiero y la existencia de las guaridas fiscales.  La subsidiaria de Amazon en Luxemburgo, por ejemplo, no pagó impuestos en 2020 en la Unión Europea a pesar de registrar ganancias por más de 40.000 millones de euros. 

Los países miembros del G7 (EEUU-Canadá-Alemania-Francia-Italia-Reino Unido-Japón) por necesidad también necesitan recaudar más y decidieron llevar a cabo la “idea ya existente del impuesto mínimo global corporativo”, esto es, decirle a las más grandes multinacionales, que deben pagar un poco más de impuestos por las ganancias que obtienen en todo el mundo. Éste grupo acordó proponer en la reunión del G20 (G7+Rusia-China-Australia-India-Argentina-Brasil-México-Indonesia-Corea-Arabia Saudi-Turquía-Sudáfrica-Unión Europea) una tasa mínima global de al menos el 15%.

En este punto se presentan dos aspectos cruciales que determinarán si el beneficio será para todos los países del mundo o para unos pocos.

El primer aspecto es cómo se repartirán los millones de dólares estimados de recaudación de este impuesto mínimo. La propuesta de la Organización de Cooperación y Desarrollo (OCDE) es que los países desarrollados, donde están las casas matrices de las multinacionales, se queden con el grueso de esta recaudación. La propuesta de organizaciones como Tax Justice Network es que la recaudación vaya al país donde se produjeron las ventas y ganancias, sea en un país central o en una nación periférica. 

 Alex Cobham director de Tax Justice Network, sostiene “que el impuesto mínimo del 15% es bajo y recaudaría u$s 275.000 millones; propone una tasa del 25% que recaudaría u$s 780 mil millones de dólares aproximadamente. Aún con esta tasa, las multinacionales mantendrían las tres cuartas partes de sus considerables ganancias. El impuesto del 21% que proponía el gobierno estadounidense al principio también hubiera permitido una recaudación bastante mayor”. 

Latinoamérica debe estar atenta porque si se siguen las reglas de la OCDE, los países del G7, que representan un porcentaje muy bajo de la población mundial, se llevarían el 60 por ciento de esos recursos. Y el resto se lo llevarían otros países de la OCDE, no las naciones en desarrollo.

Por ejemplo: Supongamos que la multinacional francesa Danone tiene ganancias por 1000 millones de dólares en Brasil, pero paga cero impuestos porque transfiere esas ganancias a las Islas Bermudas donde no se ha generado la riqueza ni se paga ningún impuesto. Con el cambio de reglas propuesto por el G7, el impuesto del 15 por ciento daría 150 millones de dólares. ¿A dónde irían esos fondos? ¿Irían al país donde se originó la venta, Brasil? No. En la propuesta de la OCDE irían a Francia porque allí está la sede central de la multinacional. 

La idea de una tasa impositiva mínima, es asegurarnos de que los ingresos que hoy no se recaudan, se distribuyan de manera justa en todo el mundo.

De cuento hablamos para América Latina

Para tener un parámetro de lo que puede significar incorporar recaudación sin aumentar ningún impuesto de los ya existentes, debemos recordar que la región pierde por año u$s 40.000 millones por elusión fiscal de las multinacionales, y que entre Brasil (u$s 14.000 millones) Colombia (u$s 11.500 millones) México (u$s 8.000 millones) y Argentina (u$s 2.500 millones) totalizan u$s 36.000 millones, es decir el 90%.

Argentina recaudó por única vez u$s 2.250 millones por la Contribución Extraordinaria de las Grandes Fortunas, de manera que el impuesto mínimo global equivaldría a esa cifra, pero se recaudaría todos los años.

El próximo movimiento será en la próxima reunión de ministros de finanzas del G20 del 9 al 10 de julio cuya convocatoria incluye un lenguaje que expresa el apoyo de los países a un impuesto mínimo global y nuevas reglas para la asignación de ganancias de las multinacionales; allí además de  establecer los mecanismos para finalizar rápidamente el trabajo técnico para la implementación definitiva en la próxima reunión en octubre, los países como India, Rusia, Brasil, México y Argentina, deberán alzar la voz y defender sus intereses elevando la tasa del 15% todo lo que se pueda, pero más importante es que el reparto se haga en función de las ventas y ganancias que una multinacional tenga en cada país, de manera que el reparto del Impuesto Mínimo Global Corporativo, sea más justo y equitativo.

BONUS TRACK

En este programa:

  • Nuevo gobierno en el Perú
  • La rebelión colombiana
  • El impuesto mínimo global a las corporaciones que propone el G7.
  • Estados Unidos con Joe Biden, su competencia con China y América latina.

(1) JUSTO Marcelo Suplemento CASH – Página 12

Ilustración gráfica: Lic. Griselda CATRAMBONI

©Cr. DANIEL ROY