UN MONSTRUO LLAMADO ALGORITMO

Las “redes sociales” que al principio nos permitieron conectarnos y también expresar nuestros pensamientos e ideas, se han convertido en “redes atrapa bobos”, en cuya categoría entramos todos, pero más aún los desprevenidos.

El último escándalo de Facebook muestra la vulnerabilidad radical del usuario en las redes sociales. La empresa Cambridge Analytica se hizo a través de Facebook con datos personales de 50 millones de ciudadanos sin su consentimiento. Se trata de una empresa de marketing en redes que se anuncia como capaz de “cambiar el comportamiento de la audiencia mediante el uso de datos”. En efecto, el Parlamento británico da cuenta que, según revelaciones de ex empleados de la compañía Cambridge Analytica, no sólo usó los datos en la campaña de Trump, también operó  entre otros países en  Francia, Alemania, Italia, Kenia,  Nigeria, Perú,  Brasil y Argentina, donde elaboró una campaña antikirchnerista en mayo de 2015, cuando Mauricio Macri y Daniel Scioli se disputaban la presidencia de la Nación, el informe de la cámara de los Comunes (similar a nuestra cámara de Diputados) expone filtraciones internas de la empresa que señalan a Mauricio Macri como el cliente argentino. En otro apartado, el reporte da cuenta que la campaña “anti-kirchnerista” elaborada por la empresa consistía en una “guerra de informaciones” sumada al uso de cuentas falsas de Facebook y Twitter y los llamados trolls.

La filtración en Facebook revela que ya no elegimos la información; ella nos elige a nosotros. Primero entregamos o nos roban sutilmente nuestros datos,  así nos quitan el escudo, después el algoritmo lanza su flecha y nos caza.  Cambiar “el comportamiento de la audiencia” significa cambiar las reglas  de la democracia misma”.

El algoritmo predice nuestro comportamiento. Con algoritmos se desarrollan perfiles sicológicos que son utilizados para saber cuáles personas estarían más predispuestas para recibir tales mensajes, a creer en teorías conspirativas, o que presentan contrariedad con el escenario político actual. El algoritmo adivina que queremos saber más de lo mismo, pues forma parte de la naturaleza humana el sentirnos cómodos con los afines. Restamos credibilidad a aquellas opiniones que contradicen las nuestras y concedemos más peso a quien refuerza nuestras creencias. El algoritmo conoce esa vulnerabilidad y alimenta la intolerancia, porque el objetivo es que los individuos radicalicen sus posturas.

 El mundo se percibe a través de las noticias y hoy las mismas viajan más por las redes sociales. Los posteos en Facebook te pueden hacer más feliz o más triste, te dejan con rabia o con miedo y los algoritmos saben interpretar tus cambios de comportamiento a través de tus comentarios y los “me gusta” y los “like”. Se radicaliza al individuo respecto del gobierno y grupos sociales a través del miedo con mensajes que estimulan sentimiento de impotencia e incapacidad de defenderse, estimulan sentimiento de “somos nosotros contra ellos”. Sitios y blog fueron fabricados con noticias falsas, para bombardear a las personas influenciables. Por ello, el algoritmo pasa de predecir nuestro comportamiento a moldearlo. Los datos nos dividen en bandos; el algoritmo impide que ejercitemos el músculo de la tolerancia.

“A quienes quieren nuestro voto les basta con escrutarnos en las redes, agitar el debate sectario y reforzar nuestra intolerancia”. (LOZANO IRENE Escritora y Directora de The thinking campus).

LA GENESIS DE LAS REDES SOCIALES

El origen de las redes sociales es bastante reciente, se puede decir que surgen en 1995 con la creación de classmates.com, a manos del estadounidense Randy Conrads. Esta red social buscaba reunir ex compañeros de colegio, o universidades. El sitio SixDegrees.com, creado en 1997, es considerado por muchos como la primera red social moderna, ya que permitía a los usuarios tener un perfil y agregar a otros participantes en un formato parecido a lo que conocemos hoy. El sitio pionero, que en su auge llegó a tener 3,5 millones de miembros, se cerró en 2001, pero ya no era el único.

Luego, al ver que el proyecto era exitoso, comenzaron a aparecer nuevas redes que pretendían reunir amigos, y para el año 2003 ya se habían hecho populares sitios como LinkedIn y MySpace, con objetivos más específicos.

Facebook fue creado alrededor de 2004 por un grupo de estudiantes liderado por Mark Zuckerberg, con el objetivo de mantener en contacto a los estudiantes de la Universidad de Harvard (USA). Sin embargo, al poco tiempo cualquier persona con una cuenta de correo electrónico podía unirse. Así, Facebook empezó a ganar popularidad en el ambiente estudiantil, para luego ampliar su target. La traducción de la red a varios idiomas, permitió su expansión mundial. Hoy en día esta red social cuenta con más de 1000 millones de usuarios.

Pocas personas imaginaban que las redes sociales tendrían un impacto tan grande como lo poseen hoy. Pero el natural deseo de conectarse con otras personas desde cualquier lugar del mundo ha hecho que las personas y las organizaciones estén cada vez más inmersas en las redes sociales.

No en vano, una encuesta de Hootsuite apunta que, hasta finales de 2016, 2.800 millones de personas usaban redes sociales en el mundo. En este contexto, las empresas y la política también han visto la posibilidad de comunicarse con su público de forma más intensa, estando presentes en las redes sociales.

Cada vez que un usuario participa, va dejando una huella de su personalidad, sus gustos, sus preferencias de cualquier clase, a través de un “me gusta” o “compartir” o “comentario”. Así Facebook  capta información personal de los usuarios y la almacena en una gigantesca base de datos, esos datos permiten crear perfiles políticos y psicológicos de votantes o consumidores a quienes, mediante micro segmentación, se les dirigen mensajes especialmente diseñados para cada perfil  ya sea para publicidad de las empresas o para campañas políticas o para dudosos sitios de noticias falsas.

CÓMO SE USÓ Y SE USA ESA BIG DATA (Enorme base de datos)

Aleksandr Kogan,  investigador en psicología, profesor de la Universidad de Cambridge, se especializó en análisis comportamental y redes sociales y en 2013 desarrolló como un proyecto personal ajeno a la universidad,  un test que proponía a los usuarios descubrir su personalidad. Cuando un usuario quería hacer la prueba llamada “This is your digital life” (esta es tu vida digital), la app solicitaba permisos para acceder a su información personal y también a la de su red de amigos. A través de su empresa, Global Science Research (GSR),ofreció a los usuarios un test de personalidad que catalogó como “una app de investigación usada por psicólogos” que consistía en un formulario por el cual se pagaba entre 3 y 4 dólares por contestar.

La consultora invirtió unos 800.000 dólares para pagar aproximadamente a 270.000 usuarios iniciales para que respondieran preguntas sobre su persona, como cuán extrovertida o vengativa es, si le gusta el arte, las armas, las creencias, etc, y aceptaran también que el programa tuviera acceso a su información personal en Facebook.

  Con solo un “click” entregaban también información de sus “amigos”. De ese grupo inicial la aplicación llegó finalmente a 50 millones de usuarios,  Kogan vendió la información que había recabado con su app a la empresa Cambridge Analytica, quien  se hizo de una base de datos privados de enorme tamaño que le permitió conocer a qué tipo de mensaje iba a ser susceptible cada usuario para tratar de influir en su forma de pensar, así como el contenido, el tema y el tono que debían usar en cada caso, según publicó la  BBC NEWS el 18/03/2018.

Al saber si los compradores o votantes son amables o neuróticos, beligerantes o conciliatorios, líderes o seguidores, se puede diseñar a medida imágenes, frases,  y publicaciones en Facebook, Instagram y ahora What’s app

QUIÉN ES CAMBRIDGE ANALYTICA

Cambridge Analytica es una empresa con sede en Londres que usa el análisis de datos para desarrollar campañas para empresas que desean instalar o fortalecer “ las marcas de sus productos”  y políticos que buscan “cambiar el comportamiento de la audiencia”, según indica su sitio web.

La compañía, que tiene una rama comercial y otra política, fue fundada en 2013 como una derivación de otra firma similar llamada SCL Group donde el  analista financiero Alexander Nix estaba a cargo de la “División Elecciones”. Nix  fue quien se acercó  a Steve Bannon (ex director de campaña y ex asesor personal de Donald Trump) director del portal de ultraderecha Breitbart News quien a su vez convenció a su patrón Mercer (un inversionista multimillonario estadounidense cercano a grupos ultraconservadores y uno de los principales donadores del Partido Republicano) para invertir 15 millones de dólares en la compañía de análisis de datos Cambridge Analytica. Según la investigación del New York Times y The Guardian, Mercer y Bannon querían herramientas que pudieran  identificar las personalidades de los votantes estadounidenses e influir en su comportamiento.

Allí entra a jugar Christofer Wylie el especialista en análisis de datos y predicción de tendencias que trabajó en Cambridge Analytica  hasta finales de 2014  y fue quien diseñó  en base a “algoritmos” el arsenal de ciberguerra de la nueva ultraderecha americana. Cerebro de Cambridge Analytica,  se atribuye un papel decisivo en las victorias de Donald Trump y del Brexit (salida de Gran Bretaña de la Unión Europea) y fue quien reveló el escándalo a la prensa. Este joven de pelo teñido de rosa que se define como “canadiense, vegano y gay”  declaró  a The Guardian, que a los líderes de la empresa -entre ellos el ex asesor y director de campaña de Donald Trump, Steve Bannon y el millonario Robert Mercer-, “no les importan las reglas. Para ellos, esto es una guerra y todo se vale“. Según explicó, la idea en Cambridge Analytica era usar los datos de las redes sociales de millones de ciudadanos para elaborar sus perfiles psicológicos y políticos y así poder mandarles propaganda política diseñada especialmente para ellos y tratar de influenciar su voto. El éxito fue total.

FACEBOOK PIXEL Y LA GEOLOCALIZACIÓN

Según Katu Arkonada diplomado en Políticas Públicas, después del escándalo de Cambridge Analytics, Facebook se apresuró a afirmar que no vende datos a compañías externas, aunque esto es una verdad a medias pues sí está documentado que utiliza los datos como moneda de cambio con otras empresas.

 Facebook extrae nuestros datos en primer lugar de la actividad que generamos en sus empresas y productos (Instagram o Whatsapp también son de su propiedad), actividad que genera patrones muy valiosos para las empresas que nos quieren vender algo.

En segundo lugar, y quizás más importante, nuestros datos son expuestos por medio de Facebook Pixel, un código “invisible” que nos sigue en nuestro accionar diario en internet, sea cuando bajamos una app, compramos productos o servicios, o rellenamos formularios de registro.

Facebook Pixel es el responsable de que nos sintamos vigilados cuando después de haber estado buscando información sobre un determinado país, por ejemplo, nos aparecen anuncios para viajar a dicho país.

De esta manera, y mediante la geolocalización, tanto las empresas que hacen minería de datos, como los data brokers, que trafican con ella, saben dónde vivimos, donde estudiamos, qué nos gusta comer, a qué gimnasio vamos, donde pasamos las vacaciones o, por supuesto, cuáles son nuestras simpatías, pero también nuestros miedos, e información política.

Lo mismo, de manera adaptada, sucede en las otras dos plataformas de las que Facebook es dueño. Instagram es actualmente la red social que más crece, y que representa más del 60% del nuevo beneficio de la compañía, es decir, la joya de la corona si Facebook se hunde. Y Whatsapp es la red social con mayor potencial para el uso en campañas políticas, donde además de la experiencia diseminando fake news (noticias falsas) para ayudar al triunfo de Bolsonaro en Brasil, no está tan lejos el día en que podamos ver anuncios personalizados en esa red social. Estas redes sociales, junto con Twitter, ya no sirven solo para conseguir el voto a favor, sino para desmovilizar el voto contrario.

LA CIENCIA FICCIÓN YA ESTÁ ACÁ

Es notable  el avance  de la Inteligencia Artificial (IA), campo donde China alcanza el 48% de nuevas inversiones, por un 38% de los Estados Unidos. Los nuevos campos de batalla se basan en el análisis predictivo mediante Big Data, y el sistema EMBERS es el más destacado.

“Early Model Based Event Recognition using Surrogates” o “Reconocimiento Temprano de Eventos Basado en Modelos usando Sustitutos”, apunta a identificar patrones a partir del análisis de millones de datos, desde tuits a imágenes satelitales, para haciendo uso de las herramientas de la comunidad de inteligencia en tiempo real, poder predecir fechas, coordenadas y ubicación de los eventos antes de que ocurran, desde manifestaciones a movimientos migratorios, pasando por brotes epidémicos.

Según Newsweek, Embers ya ha sido utilizado por Estados Unidos para predecir diferentes protestas en América Latina, África o Medio Oriente.

El futuro se va convirtiendo en pasado en la medida en que entregamos nuestras vidas en forma de datos, dando una nueva vuelta de tuerca a la mercantilización de nuestras vidas, al control en tiempo real no ya de lo que consumimos, sino de lo que pensamos y deseamos, abriendo una nueva dimensión para las campañas políticas. La combinación de Big Data con micro segmentación, fake news y las famosas granjas de trolls que impulsan corrientes de opinión, son los nuevos campos de batalla. Las batallas en el desierto de lo real.

Arkonada nos deja una frase para pensar: “ curioso mundo donde se encarcela a Julian Assange por revelar la verdad de manera gratuita, mientras se glorifica a Mark Zuckerberg por manipular nuestras vidas y hacerse rico gracias a ello”.

Ilustración gráfica: Lic. GRISELDA CATRAMBONI

© Cr. DANIEL ROY