EL EUROMERCADO

El Eurodólar es a los paraísos fiscales lo que es la nafta para un auto. Sin este invento maravilloso no se podría haber desarrollado la red de paraísos fiscales por doquier. Este mercado desregulado encaja a la perfección con el secretismo bancario y el mundo offshore de los paráisos fiscales. Se juntan acá, operaciones financieras sin control  con dinero de dudoso origen, realizadas por fondos de inversión de cualquier calaña mediante sociedades o fundaciones creadas en paraísos fiscales.

Los eurodólares son depósitos  en dólares estadounidenses que se mantienen en bancos fuera de los Estados Unidos, y por lo tanto no están bajo la jurisdicción de la Reserva Federal. En consecuencia, estos depósitos están sujetos a una menor regulación que depósitos similares en los Estados Unidos, lo que permite mayores márgenes de ganancia. No hay nada “europeo” sobre los depósitos en eurodólares; un depósito en dólares en Tokio o en Caracas también se considerará un depósito en eurodólares. Tampoco existe ninguna relación con el euro. El término fue acuñado originalmente para los dólares que se encontraban en los bancos europeos, pero se amplió a lo largo de los años a su definición actual.

Poco a poco, después de la Segunda Guerra Mundial, la cantidad de dólares estadounidenses fuera de los Estados Unidos aumentó enormemente, como consecuencia tanto del Plan Marshall como de las importaciones de los Estados Unidos, que se había convertido en el mercado consumidor más grande después de la Segunda Guerra Mundial.

Como consecuencia, enormes sumas de dólares se encontraban bajo la custodia de los bancos extranjeros fuera de los Estados Unidos. Algunos países extranjeros, incluida la Unión Soviética, también tenían depósitos en dólares en los bancos europeos.

El euromercado nace a partir de un intencional vacio regulatorio del Banco de Inglaterra para favorecer a los bancos de la City de Londres permitiendo que éstos captaran depósitos en dólares de personas o empresas no residentes en Gran Bretaña. El Banco de Inglaterra consideraba que a los fines regulatorios una transacción en moneda extranjera estaba fuera de su alcance, y al mismo tiempo ninguna potencia extranjera podía regular nada toda vez que esa transacción se realizaba en territorio soberano de Gran Bretaña. Situación tan perfecta como mentirosa.

En 1956 el ministro de Hacienda británico aspiraba a frenar el drenaje de capitales restringiendo los préstamos bancarios extranjeros, pero el Banco de Inglaterra no quería saber nada con recortar el negocio de los bancos londinenses. El Primer Ministro Harold Macmillan descubrió para su sorpresa que en la ley de nacionalización promulgada en 1946 no había nada en absoluto que le permitiera obligar al Banco de Inglaterra a cambiar el rumbo, de modo que amenazó con modificar la ley para obtener ese control  y emitir órdenes directas a los bancos.  Ese fue el preciso momento en que el Primer Ministro comprendió quién tenía el poder económico, cuando Lord Cobbold, gobernador del Banco de Inglaterra, aseveró en un vigoroso discurso que “él y nadie más que él tenía facultades para dirigir a los bancos, y además amenazó con dejar al gobierno en bancarrota. El Banco de Inglaterra había ganado su batalla contra el Gobierno (Tesoro).

Se ha suscitado una situación extraordinaria diría Tim Congdon (un agudo vocero de la City), en la que el euromercado, que no tiene un emplazamiento físico en un edificio  donde se realicen cambios de divisas o siquiera un conjunto de reglas, es la mayor fuente de capitales del mundo.

El resquicio legal creado en Londres era el brazo financiero  invisible de la insurgencia idiológica lanzada por la Sociedad Mont Pellerin que proveía el ambiente político económico propicio contra las ideas keynesianas. Este nuevo mercado londinense y sus subproductos fueron los factores que impusieron la liberalización de la economía del mundo.(1)

Después de la Segunda Guerra Mundial, el Imperio Británico se desmembraba, India se independizó en 1947, en la Malasia Británica los colonialistas eran atacados por guerrillas comunistas, Egipto se había liberado, en Sudán estallaba la guerra civil, Ghana se preparaba para la independencia.

 En 1956 Gamal  Abdel Nasser nacionalizó el Canal de Suez, y desafió así a Gran Bretaña y Francia quienes pretendieron una invasión tripartita con Israel, pero EEUU no estaba dispuesto a permitir que el colonialismo europeo arrojara el mundo árabe a una alianza con la Unión Soviética y se negó a colaborar lo que generó una corrida contra la libra esterlina que le costó a Gran Bretaña varios millones de dólares en pocos días. Gran Bretaña estaba al borde de la bancarrota, pero algo nuevo y novedoso emergía.

Mientras se hundía el noble barco del imperio británico con la libra esterlina, la City de Londres, se las arregló para montarse en una nueva embarcación, mucho más apta para surcar los mares: “el eurodólar”.(2)

El imperio conservó catorce pequeñas islas que se convirtieron en territorios de ultramar con la reina como Jefa de Estado. Entre ellas, Anguila,  Bermudas,  Islas Vírgenes Británicas, Caimán, Gibraltar, Monserrat, Turcas y Caicos son jurisdicciones confidenciales activamente respaldadas y administradas por Gran Bretaña e íntimamente ligadas a la City de Londres .

Hacia fines de 1959 había en esas islas u$s 200 millones en depósitos, en 1960 u$s 1.000 millones, y aumentando. El euromercado conectó las economías y los sectores financieros de todo el planeta. Una suba contundente de la tasa de interés de un lugar afectaba ahora instantáneamente a cualquier otro sitio conectado al sistema, y a medida que el sistema crecía las mareas de dinero caliente iban y venían en oleadas por todo el mundo.

Los políticos británicos comenzaron a preocuparse por la musculatura política del Banco de Inglaterra, así como por sus inclinaciones libertarias, pero Lord Cromer, gobernador del banco en 1963 los puso en su lugar: “El control cambiario es una violación a los derechos del ciudadano, por eso me parece éticamente incorrecto”.(3)

Durante la década de 1960, el déficit de EEUU fue creciendo cada vez más porque gastaba excesivamente en el extranjero con relación a sus ingresos, mientras un ejército de dólares salía de EEUU al servicio del euromercado.

En 1963, los eurobonos le dieron un nuevo impulso al mercado extraterritorial de Londres. Estos novedosos instrumentos eran bonos desregulados extraterritoriales al portador, que significa que el que lo tiene es su propietario y no figura como tal en ningún registro, de ahí que resulten perfectos para la evasión fiscal.(1)

El euromercado siguió en auge y en 1970 medía u$s 45.000 millones . Cuando estallaron las crisis petroleras en la década de 1970, este mercado era la ruta a través de la cual los superávits de los Estados ricos en petróleo se encauzaban hacia los países emergentes multiplicando su deuda externa irresponsablemente.  Muchos gobiernos dictatoriales y democráticos abrazados a políticas neoliberales tomaron deuda para financiar la fuga de capitales y bajo el Consenso de Washington abrieron sus economías. Esto  culminó con crisis como la de México (efecto tequila 1994) Brasil (efecto caipiriña 1998) y Argentina 2001.

El euromercado siguió aumentando progresivamente y sin detenerse hasta nuestros días, ya superó con creces los billones de dólares y es tan grande que el Banco de Pagos Internacionales ha renunciado a tratar de medir su tamaño.

El Banco de Pagos Internacionales es una organización internacional financiera propiedad de numerosos bancos centrales con sede en Basilea (Suiza). Conocido como el “banco de los bancos centrales”, el BPI fomenta la cooperación financiera y monetaria internacional y sirve de banco para los bancos centrales.​ No rinde cuentas ante ningún gobierno. Fue fundado por los Acuerdos de La Haya de 1930 y admitió que un mercado financiero desregulado ha crecido por fuera de cualquier control.

En la década del 60, los banqueros estadounidenses pronto advirtieron las virtudes de este nuevo mercado de divisas y sobre todo que el Gobierno de EEUU no podía regular. El presidente Kennedy trató de poner coto a los flujos salientes de divisas estadounidenses gravando los intereses de esos flujos, pero en vez de desalentar la operatoria, provocó una estampida hacia el mercado extraterritorial de Londres. El Tesoro de EEUU concluyó que los eurodólares habían agravado  el “desequilibrio de pagos en todo el mundo” y comunicó sus temores al Banco de Inglaterra,  que respondió: “ocúpense de sus asuntos”; mientras que los banqueros estadounidenses querían mantener este parque de diversiones offshore en el mayor silencio posible.(1)

Entonces ¿ por qué EEUU se termina confabulando con Gran Bretaña dando carta blanca a sus bancos para que participen activamente en el mercado del eurodólar ?.

Hubo dos factores, en el aspecto económico, EEUU se favoreció cuando al abandonarse el “patrón oro”, el dólar estadounidense se convirtió en la principal  divisa de reserva en el mundo. Esto significa que EEUU puede tomar préstamos en su propia moneda, puede emitir dinero para adquirir recursos reales y vivir por encima de sus posibilidades durante largo tiempo. Esto permitió hacer y financiar la guerra de Vietnam, George Bush bajó impuestos mientras acumuló grandes déficits, y cuando llega la hora de pagar los platos rotos, puede darse el lujo de desplazar el ajuste hacia otros Estados, porque al emitir dólares, gran parte de los mismos va al resto del mundo; esto produce una “inflación en dólares” a nivel mundial que afecta la cotización de las monedas del resto del mundo.

El otro aspecto es que  a medida que la llamarada del euromercado se propagaba, el capital financiero comenzaba su asalto al poder político,  y hoy el poder del capital financiero es omnipotente porque los políticos de las principales potencias mundiales son financiados directa o indirectamente por ese sector a través de “Fundaciones” y otras fachadas.

Los euromercados extraterritoriales son el entorno propicio para que la “banca en las sombras” invente subproductos financieros de dudosa calidad que cada tanto provoca crisis como en 2008, que luego las pagamos todos porque los Gobiernos deciden salvar a los bancos con el dinero de los contribuyentes , que luego deben hacerse cargo del “ajuste”. Raro esto porque viven profesando que el Estado no debe intervenir porque las “leyes del mercado arreglan todo”.

(1) Nicholas Shaxson: Las Islas del Tesoro

(2) P. J. Cain y A.G. Hopkins Historia del Imperialismo Británico

(3) Marc Hampton: The Offshore Interface

DISEÑO GRÁFICO: Lic. GRISELDA CATRAMBONI

© Cr. DANIEL ROY