EL MUNDO DEL ARTE OFFSHORE

El arte es una de las industrias menos reguladas del planeta. Las casas de subastas proporcionan un espacio para el intercambio de obras con precios determinados en un foro público abierto, pero muchos aspectos del negocio de la casa de subastas están completamente ocultos a los reguladores públicos y gubernamentales. No están obligados a revelar los nombres de los vendedores y compradores,  y aunque hacen esfuerzos de buena fe para proporcionar la procedencia más completa de una obra de arte, a menudo se ven obligados a aceptar la documentación proporcionada por el propietario con muy pocos datos. (1)

La compraventa de arte es un negocio con mucho secretismo y poca regulación, un destino que atrae a personas que tratan de evitar el pago de impuestos o incluso lavar dinero.

UN POCO DE HISTORIA

El mercado del arte comenzó muchos siglos antes; el artista recibía un encargo del cliente, era la forma habitual de transacción comercial dentro de la organización profesional de los artistas como un gremio más dentro de las artesanías y oficios. Las transacciones comerciales con las obras de arte, llegaron a convertirse en un oficio muy lucrativo, especialmente la pintura al óleo sobre lienzo.

El aumento del prestigio social de los artistas vino a partir del Renacimiento italiano, cuando los más afamados formaron parte del Humanismo Renacentista (movimiento intelectual, filosófico y cultural), que les permitió codearse con príncipes y papas y convertirse en “pintores de la corte”, obtuvieron la confianza de los reyes y hasta recibieron “títulos nobiliarios” (Rubens, Velázquez, Jan Van Eyck), además tuvieron un papel especial en la compra de objetos de arte, especialmente en sus viajes al extranjero.

Como forma de exhibir su riqueza y gusto artístico, los aristócratas renacentistas competían exhibiendo sus recientes adquisiciones de arte contemporáneo ya no para una contemplación piadosa (uso habitual de la tradicional pintura de oratorio), sino para el disfrute sensorial e intelectual.

Venecia, Florencia, Roma, Amsterdam, Amberes y otras ciudades tuvieron mercados artísticos muy activos a partir del siglo XV.

Durante el siglo XVII y de la mano del desarrollo capitalista en Holanda, los artistas establecieron nuevas relaciones con sus clientes ya más numerosos y fuera de las cortes.

Los salones parisinos del siglo XIX tanto los oficiales como los de los rechazados popularizaron la práctica de exponer al público el trabajo de los artistas y someterlo a la crítica de arte publicada en periódicos y revistas, así como la valoración popular, todo ello según muy variados criterios.

 Se desarrolló una nueva figura empresarial: “la del marchante” que apuesta por un joven artista al que apoya y del que se beneficia. Ese fue el papel de Ambroise Vollard con varios artistas (el más exitoso de los cuales fue Picasso).

La valoración  económica  se basa en dos factores fundamentales: el mérito específico o la condición de pieza única y la demanda que pueda existir.

En el mérito específico o la condición de pieza única se valora la habilidad en la realización, la calidad de los materiales empleados, el estado de conservación y la autenticidad.

 La demanda, se establecía en razón de la atracción que el objeto pueda despertar entre los coleccionistas, y  amantes del arte, pero ahora se suman los especuladores y quienes lavan dinero, y por supuesto, los precios aumentan.

LOS PARAÍSOS FISCALES DEL ARTE

Hay obras de arte guardadas en las bóvedas de algunos  bancos, pero los verdaderos paraísos fiscales del arte están en los “Freeports” o Puertos Libres.

En la Suiza del siglo XIX, surgieron los Puertos Libres,  Estas instalaciones fueron  creadas originalmente en 1888, En un principio, los puertos libres fueron concebidos para almacenar materias primas y productos manufacturados que se hallaban en tránsito temporal.  El grano llegaba al Puerto Libre, se guardaba en un depósito, no pagaba impuestos a su llegada porque más tarde o más temprano se cargaba en otro barco para ir a su destino. (1)

Pero con el paso de los años se han convertido en bodegas permanentes de los bienes de inversionistas y coleccionistas.

Fiscalmente, este tipo de puertos ofrecen la ventaja de no cobrar ni derechos de aduana ni impuestos a sus usuarios. Esto implica que un bien puede ser almacenado por tiempo ilimitado a un costo mínimo. Una pintura  puede ser transportada por avión hasta Ginebra y quedarse allí años sin pagar tasa alguna. Cuando los bienes se encuentran en un puerto libre, el propietario está exento del pago del impuesto a la importación y solo tributará cuando el objeto llegue a su destino final. Pero si logra vender la obra directamente en las instalaciones del puerto libre, el propietario no pagará ningún gravamen por la transacción.

Para el arte, el puerto libre se convirtió en el equivalente físico de una cuenta bancaria suiza. Invisibles para las autoridades fiscales, los gobiernos extranjeros e incluso los aseguradores de las obras de arte en sí. El arte se puede almacenar allí con total anonimato y se vende sin pagar ningún tipo de impuestos

El tamaño del Puerto Libre de Ginebra equivale a 22 campos de fútbol, también hay uno en Zúrich; Luxemburgo construyó uno de 7.000 mts2; Singapur dijo presente, China lo construyó en las cercanías del aeropuerto de Pekín y EEUU tiene el último construido en Delaware en 2015. (1)

Según The Economist, los “freeports” de Ginebra y Zúrich contienen “más de 10 mil millones de dólares en pinturas, esculturas, oro, alfombras y otros artículos”.

Nadie puede saber si el arte en ellos fue robado, comprado con dinero de la droga, o simplemente una inversión prudente que se espera que produzca grandes beneficios en el tiempo. El secreto de los puertos libres, combinado con sociedades offshore y la naturaleza no reglamentada del mercado del arte, hace que sea muy difícil conectar a los propietarios con obras de arte que se almacenan en un puerto libre. Ningún gobierno parase querer regular, o investigar la propiedad almacenada dentro de una jurisdicción secreta, y así, a todos los efectos, el arte en los puertos libres se vuelve invisible a los ojos de miles de habitantes del mundo que son privados del goce que genera la contemplación de una obra de arte.

NOTICIAS ARTE OFFSHORE

 Con los registros de obras de arte que figuran en las bases de datos del estudio panameño Mossack Fonseca se podrían montar museos enteros. La firma no solo ayudó a crear sociedades “offshore” a coleccionistas y a familias interesadas en el arte, sino que les proporcionó herramientas para que pudieran realizar estas transacciones a espaldas de las autoridades, evadiendo impuestos y borrando las huellas en algunos casos del origen de la obras.

Lo primero que se conoció fue la triangulación que hacían grandes coleccionistas como la familia Nahmad, que tiene una obra de Amodeo Modigliani llamada “Hombre sentado con bastón” que fue valuada en 25 millones de dólares, que había sido robada por los nazis, subastada en 1999, comprada por el consorcio de arte “Internacional Art Center” que ahora sabemos es controlado por la familia Nahmad.(2)

 De los “papers” surgió que aquella no es la única obra de origen dudoso o difícil de explicar: también hay de Picasso, Rembrandt y Van Gogh.

También hay datos de la familia Goulandris, unos coleccionistas griegos que  poseen 83 obras de arte desaparecidas del circuito del arte. La estimación de su valor alcanza la friolera de más de 1.000 millones de dólares.(2)

El Museo de la familia Thyssen –Bornemisza en Madrid,  también tiene varias empresas inscriptas en el estudio  Mossack Fonseca, en algunos casos compartiendo  sociedades con Marina Ruíz Picasso, la nieta del pintor malagüeño.(2)

 El multimillonario ruso Dmitri Rybolovlev, dueño del club francés AS Mónaco y conocido como el “Rey de los fertilizantes”,  usó compañías “offshore”  con el fin de esconder obras de arte valuadas en 650 millones de dólares cuando comenzó su  juicio de divorcio.(2)

 Los documentos demuestran que la compra-venta de arte es una industria poco o nada regulada, donde el anonimato se usa a menudo para proteger todo tipo de comportamientos cuestionables. Los precios alcanzados en ese mercado, que no es nada transparente, han crecido de forma tan descomunal y las transacciones son tan oscuras como el propio circuito financiero. Y termina siendo un círculo virtuoso para los ladrones de guante blanco.

Más clientes

La expansión de los puertos libres mantiene el dinamismo impulsada por el interés de clientes acaudalados de los países emergentes y por el creciente interés que despiertan las obras de arte, y otros objetos de valor, como alternativas de inversión.

Según analistas de la firma internacional Wealth X, en 2013 había en el mundo 199.235 personas de ‘alto poder adquisitivo’ (UHNW: Ultra High Net Worth, en inglés), cuyos ingresos anuales rebasan los 30 millones de dólares. La riqueza total acumulada de este grupo sumaría 27,8 billones de dólares.(3)

Wealth-X pronostica que en los próximos cinco años Asia será la región que más individuos UHNW genere, dejando atrás a Europa y EEUU.(3)

Hasta la próxima….

(1) JOHN ZAROBELL “El arte y la economía global”

(2) NANU ZALAZAR  crítica de arte

(3) SIMON BRADLEY Swissinfo.ch

ILUSTRACIÓN: Lic. GRISELDA CATRAMBONI

© Cr. DANIEL ROY