SUIZA 1° PARTE

SUIZA: LA EXITOSA NEUTRALIDAD

Desde siempre, los suizos se organizaron en comunidades montañesas autosuficientes extendidas sobre los valles, unidas con lazos muy flojos y con profundas diferencias. El país se divide a grandes rasgos en cuatro bloques lingüísticos: una mayoría alemana centrada en Zurich, que vive en el centro y el este; una minoría francófana alrededor de Ginebra, en el oeste; una cantidad menor de hablantes de italiano nucleados en las cercanías de Lugano; y algunos hablantes de romanche (dialecto local) , en su mayoría rurales, desperdigados por los valles del este. También hay escisiones entre cantones y comunidades, entre católicos y protestantes, y otras más.(*)

Los suizos lidiaron con estas divisiones de dos maneras. La primera fue “neutralidad ante los conflictos extranjeros”. Tomar partido en una guerra entre Francia y Alemania, podría enfrentar a los franco parlantes con sus compatriotas hablantes de alemán y conducir a una guerra civil. La segunda estrategia suiza fue “crear un sistema político descentralizado, complejo y con democracia directa que otorga gran poder a las unidades locales. Los referendos son permanentes y la Constitución va por delante de los disturbios populares.(*)

El gobierno nacional sólo recauda el 30% de los impuestos totales, el resto se divide en partes casi iguales entre 27 cantones y 2750 municipalidades, aunque también existe una competencia entre los distintos cantones por ofrecer tasas fiscales más convenientes. El bello cantón Zug alberga a 27.000 corporaciones (una cada cuatro habitantes). Las multinacionales gigantes eclipsan a los cantones en peso económico, lo cual les confiere un gran poder para influir en los legisladores locales. “En un cantón tan pequeño uno tiene acceso a las autoridades”, explico Priska Roesli, un alto directivo de Tyco Electonics Ltd. empresa que negoció una tasa diferencial de impuesto en el cantón suizo de Schafhausen.(1)

Hay otro aspecto de la política suiza que tranquiliza a los  capitalistas financieros: es la “concordancia” que significa un acuerdo negociado entre los partidos políticos. El Consejo Federal gobernante de Suiza está integrado por 7 miembros que representan a distintos partidos políticos, pero que siempre deben respaldar a la voluntad colectiva por encima de los intereses partidarios. La democracia ha mutado aquí en forma curiosa: los políticos no tienen permiso para disentir demasiado. En consecuencia, el Partido Socialista se opone al secreto bancario, pero en el Consejo Federal debe apoyarlo.

El secreto bancario suizo y la neutralidad existen desde hace siglos. La neutralidad ofrece oportunidades:  si uno es neutral en una guerra, puede hacer negocios con todos los beligerantes y lucrar en calidad de intermediario confiable e inofensivo. Mientras los países beligerantes se zambullen en el caos económico, el capital fluye naturalmente hacia los países neutrales. Los suizos ya sabían que el comercio y el nivel de vida aumentó  durante la guerra de los 30 años entre 1618 y 1648, de manera que asociaron neutralidad con lucro. Hacia el siglo XVIII  los banqueros suizos ya estaban muy activos: todos estaban en deuda con ellos, Su Majestad Imperial de Viena, los reyes de Francia, Inglaterra y Alemania, la Compañía de las Indias Orientales,etc.

Las ganancias volvieron a multiplicarse durante la guerra franco-prusiana (1870-1871) y en la Primera Guerra Mundial fue aún más lucrativa. Las naciones europeas aumentaban la presión fiscal para financiar la guerra, y ha medida que se elevaban los impuestos, los ciudadanos ricos (poco patrióticos) buscaban vías de escape, y la primorosa Suiza neutral los recibía con los brazos abiertos y la boca cerrada.

EL SECRETO BANCARIO y LA MENTIRA SUIZA

Hoy existe un relato dominante según el cual Suiza estableció el secreto bancario para resguardar de los nazis el dinero de los judíos alemanes. Este mito se remonta a un boletín emitido por el banco  Credit Suisse en 1966 , que la banca suiza ha utilizado con gran efecto desde entonces. Un informe del Consejo Federal de Suiza elaborado en 1970 brindó respaldo  oficial a esa versión. El problema con esta historia es que no es cierta. En plena Gran Depresión, en 1931, los movimientos de obreros y campesinos suizos comenzaron a reclamar que se ejerciera más control sobre los bancos. Los banqueros temían que se filtraran secretos a raíz de la intervención estatal en las finanzas, que hasta ese momento ellos habían controlado celosamente, de modo que empezaron a ejercer una feroz presión para que la violación del secreto bancario suizo se instituyera como delito penal. El influyente diario de derecha  Neue Zurcher Zeitung atacaba la supervisión gubernamental de los bancos. En 1932 un influyente banquero suizo envió al gobierno un proyecto de ley con una clausula que criminalizaba la violación del secreto bancario, pero lo que realmente impulsó al gobierno a la acción fue el escándalo que se desató en Francia ese mismo año.(*)

En octubre de 1932, una brigada policial francesa allanó la elegante casa de Champs Élysées que albergaba las discretas oficinas  parisinas del Banco Comercial de Basilea (suizo) y encontró una lista de 1300 clientes evasores entre los que se encontraban dos obispos, una docena de generales, tres senadores, industriales de primera linea, la familia Peugeot, el propietario del diario Le Figaro, etc. Fabien Albertin (diputado socialista) estimó que Francia había perdido 4.000 millones de francos anuales, justo cuando Francia preparaba un  despiadado presupuesto de austeridad que envenenaba el humor social. La justicia francesa quiso avanzar pero en un documento oficial reservado, Suiza contestó: ” De ningún modo esté en nuestro interés brindar a los agentes franceses una cooperación judicial que podría tener repercusiones desfavorables en el considerable negocio que implican los depósitos extranjeros para nuestros bancos”. Los franceses encarcelaron a dos empleados del Banco Comercial de Basilea por no cooperar, y allí Suiza y sus banqueros pasaron a la acción.(*)

En primer lugar, los medios suizos publicaron una avalancha de artículos  densamente poblados de la represión policial francesa pero nada decían de la evasión impositiva en medio de la Gran Depresión, y pintaban a Suiza como una víctima de gobiernos extranjeros poderosos e intimidatorios, con grandes titulares tipo “Ofensiva contra Suiza”. Luego se preparó una nueva ley bancaria y hacia febrero de 1933 ya estaba listo el proyecto oficial, apenas 18 días después de que Hitler llegara al poder y mucho antes que consolidara su dominio sobre el estado alemán, no controlaba los servicios de inteligencia de Alemania, ni mucho menos perseguía a los judíos. La ley suiza finalmente aprobada en 1934 convirtió por primera vez la violación del secreto bancario en delito penal, punible con multas y prisión y permaneció casi inalterable desde el primer borrador. Situación perfecta para los bancos, los evasores, los narcotraficantes, los dictadores y políticos corruptos, los señores de la guerra, los tratantes de personas,  y para el gobierno suizo, pero muy  penosa para el resto de la población mundial.

Fueron años de buenos negocios para Suiza, pero las vacas gordas llegarían con la Segunda Guerra Mundial.

NOTICIAS: Informe País por País (CbCR)

Vietnam ha introducido un requisito legal para las multinacionales que quieren operar en su territorio: deben informar a las autoridades impositivas vietnamitas sobre sus operaciones en todos los países donde realizan actividades. Esto es  ni más ni menos lo que se conoce como Informe País por País (Country by Country Report) que la OCDE (Organización para Cooperación y Desarrollo del Comercio) hace tan dificultosa su aplicación. Da la impresión que la OCDE, mediante una implementación engorrosa, intenta cambiar para que nada cambie, o por lo menos demorar los cambios lo más que pueda.

En esencia, las grandes multinacionales tienen que entregar una declaración anual, denominada Reporte País por País (CbCR), en el que desglose elementos claves de los estados financieros de cada una de las jurisdicciones en las que tiene presencia. El reporte CbC proporcionará a las autoridades tributarias locales visibilidad sobre las ganancias, ingresos, impuestos pagados y causados, empleados, capital, ganancias retenidas, activos tangibles y actividades de negocio.

Así queda al descubierto si una empresa tiene en un país 300 empleados, fabrica 1.000.000 de unidades y sus ventas fueron $ 10.000.000, no puede tener casi todas sus ganancias en otro país (ej: Islas vírgenes), donde sólo tiene 4 empleados y un teléfono.

De esta manera, Vietnam no tiene que depender de los tratados fiscales o acuerdos de intercambio de información para obtener la información sobre empresas matrices extranjeras. Proporciona un gran ejemplo para otros países a seguir, así que felicitaciones  Vietnam por este gran logro!.

Hasta la próxima…

(*) Nicholas Shaxson – Las Islas del Tesoro

(1) Carolyn Bandel y Dylan Griffiths – Swiss Ratchet up Tax

ILUSTACIÓN: Lic. GRISELDA CATRAMBONI

© Cr. DANIEL ROY